Ilegales, no personas

El domingo 17 de agosto de 2014 el periódico Mural de Guadalajara- propiedad de Grupo Reforma- publicó un par de notas con encabezados que utilizaban de manera prominente la palabra ilegal.

Huevos Ilegales    Personas Ilegales

Éstas aparecieron separadas por una sola página. Al día siguiente, de nueva cuenta se publicó una nota en la que, en el encabezado, se utilizaba la palabra ilegal como corazón de la información (sin especificar qué era lo ilegal- la nota y la fotografía que acompaña aclaran el panorama).

Edificios Ilegales

Habría que aclarar que “ilegal” según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es un adjetivo que significa: “Que es contra ley” , sin matiz ni medias tintas. En este sentido, habría que preguntarnos si el diario en cuestión cuenta con un parámetro para utilizar la palabra ilegal: uno que considere las consecuencias de la utilización de dicho término.

La implicación de los encabezados es clara: lo ilegal debe ser perseguido y eliminado. El periódico en cuestión (¿involuntariamente?) coloca en un plano equivalente a los huevos de tortuga obtenidos y comercializados contradiciendo las normas correspondientes, a los edificios construidos en contravención a las normas municipales y los seres humanos que transitan por el país (presuntamente) de manera contraria a la ley.

Me parece que esto es una preocupante señal del descuido en el uso del lenguaje por parte de uno de los periódicos más reconocidos de la ciudad, que puede tener consecuencias negativas en la protección de los derechos humanos de los migrantes. Específicamente, parece ser reflejo de un proceso de despersonalización de los migrantes que hace más sencillo que se disponga de ellos sin que la población intervenga en su defensa, y lo que es más, se provoque la exigencia de su rápida deportación y eliminación del panorama cotidiano de nuestra comunidad. Si bien esto puede parecer una exageración, basta recordar que el propio Gobernador del Estado hace prácticamente un año acusó a los migrantes de ser responsables de robos en ciertas colonias. Tristemente, él no ha sido el único que ha incurrido en esta deslegitimación de los migrantes. Recordemos que en su momento, ante la masacre de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas la entonces Comisionada del Instituto Nacional de Migración, Cecilia Romero, pretendió minimizar la matanza argumentando que era un caso más de los que pasaban por su escritorio. Eso por no hablar de la deficiente atención de la propia Comisión Nacional de Derechos Humanos dio al mismo asunto- omitiendo reunirse con los familiares de las víctimas antes de emitir su Recomendación acerca del caso.

Con el riesgo de ser reiterativo subrayo: el uso indiscriminado de la palabra “ilegal” da a entender que los migrantes (mayoritariamente centroamericanos) que pasan por la ciudad de Guadalajara son contrarios a la ley- en sí y por sí mismos- y por lo tanto deben ser eliminados.

Al negársele la condición humana a los migrantes- por ser ilegales- es más sencillo despojarlos de su condición de persona (individuo que tiene derechos por el simpe hecho de existir y a quien la Ley le garantiza la protección de los mismos) y, por tanto, de sus derechos. Pocos han sido tan elocuentes al respecto como José Antonio Vargas, un inmigrante indocumentado en los Estados Unidos que desde hace alrededor de 3 años hace activismo en favor de los migrantes indocumentados. En un artículo para la revista TIME manifiesta:

“Cuando los periodistas, quienes se supone que pretenden la neutralidad y la justicia [fairness], usan el termino [ilegal] están politizando un asunto que ya es político. (¿Cómo aplicar inmigrante ilegal puede ser considerado neutral cuando, por ejemplo, el estratega Republicano Frank Lutz promovió el uso del término en un memo de 2005 para relacionar a los indocumentados con criminalidad?) Y el término deshumaniza y margina a las personas que pretende describir. Considéralo de esta manera: ¿en qué otros contextos nos referimos a alguien como ilegal? Si alguien maneja un coche a los 14 años, decimos ‘conductor demasiado joven’, no ‘conductor ilegal’, si alguien está manejando bajo los efectos [del alcohol], los llamamos ‘conductor ebrio’, no ‘conductor ilegal’.”

Me parece que el efecto de este tándem de notas- y más importante aún del uso indiscriminado de la palabra “ilegal” cuando se hace referencia a persona- puede ser el vaciamiento de sustancia de su condición humana. La construcción de narraciones sobre grupos humanos percibidos como adversarios o peligrosos es una práctica común que ha sido ejercida con bastante regularidad y espeluznante contundencia cuando es llevada a su extremo.

El siguiente es un pasaje ilustrativo del extremo al que se puede llegar (guardando las debidas proporciones). A principios de los años 80’s Israel decidió invadir Líbano para acabar con los extremistas palestinos que atacaban al Estado Judío desde ahí. Hicieron alianza con las facciones cristianas libanesas (los falangistas) y permitieron que ayudaran con la “limpieza” de algunos campamentos de refugiados. Una de las matanzas más célebres que tuvo lugar fue la que se llevó a cabo en los campos de Sabra y Shatila sin que los israelitas intervinieran significativamente para acabar con los excesos que ahí se cometieron. Cuando el asunto se volvió público, el ejército de Israel aseguró no haber visto nada irregular en un principio (acabaron por intervenir, una vez que los falangistas habían matado a miles de refugiados palestinos).

“Los soldados israelíes no vieron a civiles inocentes ser masacrados y no escucharon los gritos de niños inocentes yendo a sus tumbas. Lo que vieron fue una ‘manifestación terrorista’ siendo ´trapeada’ y a ‘enfermeras terroristas’ corriendo por ahí y a ‘adolescentes terroristas’ tratando de defenderlas, y lo que escucharon fue a ‘mujeres terroristas’ gritando. En la psique israelita no se rescata a ‘terroristas’. No existe algo así como ‘terroristas’ siendo masacrados.” (Thomas L. Friedman, “From Beirut to Jerusalem” p. 163)

Insisto, guardando las debidas proporciones, no hay nada nuevo bajo el sol. La pregunta es si nos permitiremos caer en el mismo descuido del que nosotros hemos sido víctimas.

Lo que sucede en los Estados Unidos con el tristemente célebre Joe Arpaio es un claro ejemplo de esto. En ese mismo sentido, tan solo hace unos días Ann Coulter, una de las comentaristas conservadoras más reconocidas de los Estados Unidos, pugnó por que nuestro vecino tenga un “Netanyahu” en el poder- en oposición a un “endeble Obama”- para lidiar con la oleada de “invasores”, como ella se refirió a los inmigrantes .

La falta de matiz y el descuido en la utilización de palabras como “ilegal” que conducen a la despersonalización de los seres humanos amenaza con llevarnos por un camino que hemos transitado en el pasado- y que continuamos transitando- como víctimas a partir de la experiencia de nuestros propios indocumentados en Estados Unidos.

Desde mediados de 2011, y gracias a la “reforma constitucional en derechos humanos” el gobierno debe ejercer su labor desde una perspectiva que privilegie los derechos humanos y reconozca la dignidad de la persona como el centro de la labor gubernamental. Tal vez deberíamos empezar a exigir periodismo con perspectiva de derechos humanos, que se enfoque no solamente en hacer nota, sino en proteger la dignidad de la persona al informar sobre asuntos relevantes.

Por mi parte, exhorto a MURAL y a Grupo REFORMA a revisar su manual de estilo y a desterrar de él la expresión “inmigrante ilegal”. No existen los seres humanos ilegales/contrarios a la ley, solamente existen acciones cometidas por personas que pueden ser ilegales- una vez que se han sometido al debido escrutinio judicial y han sido declaradas como tales.

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