La Segunda Enmienda y la Relación del Pueblo Americano con las Armas.

“A well regulated militia, being necessary to the security of a free State, the right of the people to keep and bear arms, shall not be infringed.”

Segunda Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos.

 La masacre en un cine en Estados Unidos ha impulsado un nuevo debate acerca sistema de regulación de armas de fuego en dicho país el (caracterizado por ser extremadamente laxo). En este contexto creo que es importante tratar de comprender el panorama cultural en el cual se ha gestado esta red de normas jurídicas que se destacan por su permisividad. En el presente texto trataré, por una parte, de delinear el paradigma dentro del cual se desarrolla esta relación con las armas de fuego; en segundo lugar, esbozaré la interpretación que ha hecho la Suprema Corte sobre la Segunda Enmienda.

 I

 Uno de los elementos centrales en la construcción de la idea de los Estados Unidos es que esta nación es una “atalaya sobre un cerro”[1] que serviría como guía y ejemplo para las demás naciones que pretenden ser libres y democráticas. Una distinción fundamental que se construye en el seno del ideario americano radica en que en el territorio de las Trece Colonias los individuos se asumían como ciudadanos mientras que en Inglaterra los individuos se permitían ser súbditos del rey.  Este contraste- artífice ideológico de la ruptura de la nueva nación con su antigua colonizadora- se basaba, entre otras cosas, en la posesión de armas. Al respecto, encontramos que Richard Price establece:

 “Los Estados libres deben ser cuerpos de ciudadanos armados con regulaciones adecuadas, y bien disciplinados y siempre preparados para salir, cuando debidamente convocados, para ejecutar las leyes, sofocar motines y mantener la paz. Tales son, si estoy bien informado, los ciudadanos de América […] Inglaterra, de hecho, consistiendo como lo está de habitantes desarmados, y amenazada como lo está por sus ambiciosos y poderosos vecinos, no puede esperar mantener su existencia mucho después de volverse abierta a invasiones al perder su superioridad naval.”[2] (Énfasis añadido)

De lo anterior se desprende claramente que la ciudadanía se encontraba ligada a la posesión de un arma para la defensa personal y del Estado.  Si bien, esta no es una idea original de las Trece Colonias- Maquiavelo planteaba la idea del ciudadano-guerrero- es en la naciente república en dónde esta idea es uno de los pilares de la base que construyeron la nueva nación.

Si bien hoy en día esta idea nos puede parecer ajena al ideal democrático, es necesario considerar que Estados Unidos siendo en sus orígenes una sociedad agrícola- que ocupaba una extensión de tierra considerable (con una tendencia a expandirse) y una población ínfima- requería que sus habitantes tuvieran armas para defenderse de los peligros de la naturaleza y los ataques de los mal llamados “indios”. Por otro lado, el temor de un posible intento de reconquista, así como el recelo que la población Americana ha tenido hacia el gobierno a partir de su experiencia bajo el mando de la Casa Real de Inglaterra- que llevó incluso a plantear la posibilidad de no contar con ejército regular-, justificaban la necesidad de contar con elementos de defensa sostenidos en la ciudadanía (lo que es generalmente conocido como milicia).  Al respecto, en el caso U.S. v. Miller (307 U.S. 174) la Suprema Corte asegura que

“La concepción de aquellos tiempos se encontraba fuertemente inclinada en contra de los ejércitos regulares, la idea común siendo que la defensa del país y de las leyes debería ser asegurada a través de la milicia- primordialmente civiles, soldados ocasionales.” [3]

A lo largo de la historia de los Estados Unidos la imagen del “self- made man” ha sido celebrada como el arquetipo del ciudadano digno de la República. Generalmente,  empuñada por estos grandes hombres- de una ú otra forma- hay un arma. Aquellos que se fueron a conquistar el mítico oeste o los veteranos de guerra siempre han sido celebrados como quienes constituyen la columna vertebral de las otrora Trece Colonias. Esta relación cuasi-sentimental con las armas ha permeado hasta nuestros días, con diferentes matices y momentos definitorios. En 1968, por ejemplo, a raíz de los asesinatos de los Kennedy y de Martin Luther King se permitieron ciertas restricciones y controles en el comercio de las armas. Pero nunca ha existido una limitante definitiva, como sucedió-por citar un caso- con el alcohol.

 Sin embargo, una anomalía existente nuestros tiempos- surgida y desarrollada como consecuencia de la evolución de una sociedad agraria a una urbana e industrializada- es que se ha puesto excesivo énfasis en la segunda parte de la enmienda (“the right of the people to keep and bear Arms, shall not be infringed”) en perjuicio de la enmienda entera. Existe una distorsión cultural sobre el alcance y motivo de la Segunda Enmienda- construyéndose la noción de que “hay un derecho a la posesión de armas”. Al respecto, Joseph Story uno de los primeros- y más respetados- comentaristas del Derecho Estadunidense advirtió lo siguiente:

“El derecho de los ciudadanos para poseer y portar armas ha sido correctamente considerado como el paladio de las libertades de una república ya que ofrece un sólido balance moral en contra de la usurpación y ejercicio arbitrario del poder por parte de los gobernantes; y generalmente permitirá a los ciudadanos, aunque no necesariamente en primera instancia, a resistir y triunfar sobre ellos. A pesar de que esta verdad parecería tan clara, y luciría tan cierta, no puede ser negado que entre el pueblo Americano hay una creciente indiferencia hacia cualquier sistema de disciplina de milicia y una fuerte disposición, desde una consideración de sus cargas, de liberase de todo tipo de regulaciones. Como funcionará mantener gente armada sin cierta organización, es difícil de ver. Hay ciertamente un peligro nada desdeñable de que la indiferencia llevará al disgusto, y el disgusto al desprecio, paulatinamente minando toda protección pretendida por esta clausula de nuestro catalogo de derechos.”[4]

 Hoy esta distorsión es promovida y reforzada por el famoso “lobby” de las armas- materializado en la funesta Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés). Alrededor de esta cultura de las armas se ha construido toda una industria y un estilo de vida que no será fácil modificar, aún frente a hechos tan horripilantes como el de hace unos días- o tantos otros que han sucedido en la última década y media.

 II

Por lo que respecta a la interpretación de la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, ésta es una de las que menos embates ha sufrido ante los tribunales y por tanto son pocas las decisiones de la Suprema Corte de Justicia que han recaído al respecto. Sin embargo, recientemente se dictó un fallo fundamental que (re)interpreta la enmienda en cita.

 El primer caso verdaderamente relevante argumentado ante la Suprema Corte sobre esta enmienda es U.S.  v. Miller[5]. Los hechos consisten en que un par de individuos cruzaron de Oklahoma a Arkansas un arma sin tenerla debidamente registrada. Al respecto, la Corte estableció que no existía violación de la Segunda Enmienda al requerir que se registrara el arma en cuestión,  toda vez que no se comprobó que la posesión del arma en cuestión se encontrara relacionada con actividad de milicia. Al respecto, el pasaje de la opinión que es relevante es el siguiente:

 “La Constitución como fue adoptada originalmente otorgó al Congreso el poder – ‘Para proveer el llamado de la Milicia con el objeto de ejecutar las Leyes de la Unión, suprimir insurrecciones y repeles invasiones; para proveer la organización, provisión de armamento y disciplina de la Milicia y para dirigir cualquier cuerpo de ésta que sea empleada en el servicio de los Estados Unidos, reservando a los Estados el nombramiento de oficiales y la autoridad para entrenar la milicia según lo prescrito por el Congreso.’ U.S.C.A. Const, art.1, 8. Con el claro objeto de asegurarse de la permanencia y hacer factible la efectividad de dichas fuerzas la declaración y garantía de la Segunda Enmienda fueron planteadas. Es bajo esta perspectiva que debe ser interpretada y aplicada.[6] (Énfasis añadido)

 Esta interpretación no fue cuestionada ni combatida hasta el año 2008 con la decisión D.C. et. Al. v. Heller[7]. Este caso surge de una demanda en contra de un par de leyes del Distrito de Columbia que de manera indirecta prohibían la compra de armas en el territorio del distrito. En la decisión se ignora el fallo de Miller- al reducirlo a un argumento sobre un tipo especifico de arma- y elabora un sofisticado planteamiento que parte la Segunda Enmienda en dos. Se califica la primera parte- “A well regulated militia, being necessary to the security of a free State”- como cláusula “preliminar” (prefatory) y a la segunda parte- “the right of the people to keep and bear arms, shall not be infringed”- como cláusula “operativa”. A partir de lo anterior, la nueva interpretación de la Corte es inequívoco:

 “La Segunda Enmienda protege el derecho del individuo a poseer armas de fuego sin conexión alguna con el servicio en una milicia, y a utilizar dichas armas para objetivos tradicionalmente legales, tales como defensa propia en casa.”[8]

 En este sentido, es claro que la interpretación se ha ajustado a la distorsión cultural que priva en el imaginario de la población de los Estados Unidos sobre la posesión de armas. Cass Sunstein sostiene que la propia Corte se encuentra ligada al contexto en el que emite la decisión, aun cuando éste no sea uno de los criterios que deberían ser utilizados para emitir sus fallos. En el año 2010 se da un nuevo fallo- McDonald et. Al. v Chicago[9] que- ante regulaciones sobre la posesión de armas en Chicago- se limita a ratificar el fallo de Heller.

 **

Ante el panorama cultural y la interpretación jurídica que se da a la Segunda Enmienda me parece que es claro que un ajuste a las leyes y regulaciones en materia de compra y posesión de armamento en los Estados Unidos no es realista en el momento actual. Los reportes de que las ventas de armas subieron un 40% en el estado de Colorado después de la masacre de Aurora son bastante indicativos de el estado emocional de la población estadounidense. Desgraciadamente, se desoye la advertencia de Joseph Story que al pasar de las masacres parece cada vez más acertada.


[1] La expresión en inglés es “beacon upon a hill”.

[2] “Free States ought to be bodies of armed citizens well regulated, and well disciplined, and always ready to turn out, when properly called upon, to execute the laws, quell the riots and to keep the peace. Such, if I am rightly informed are the citizens of America […] Britain, indeed, consisting as it does of unarmed inhabitants, and threatened as it is by ambitious and powerful neighbours, cannot hope to maintain its existence long after becoming open to invasion by losing its naval superiority.” Richard Price en “Observations on the Importance of the American Revolution”, citado en Shalhope, Robert E. “The Ideologial Origins of the Second Amendment.”, http://www.cwsl.edu/content/belknap/The%20Ideological%20Origins%20of%20the%20Second%20Amendment.pdf

[3] “The sentiment of the time strongly disfavored standing armies, the common vie was that adequate defense of country and laws could be secured through the militia- civilians primarily, soldiers on occasion.”

[4] “The right of citizens to keep and bear arms has justly been considered, as the palladium of the liberties of a republic; since it offers a strong moral check against the usurpation and arbitrary power of rulers; and will generally, even if these are successful in the first instance, enable the people to resist and triumph over them. And yet, though this truth would seem so clear, and would seem so undeniable, it cannot be disguised, that among the American people there is growing indifference to any system of militia discipline and a strong disposition, from a sense of its burthens, to be rid of all regulations. How is it practicable to keep the people duly armed without some organization, it is difficult to see. There is certainly no small danger, that indifference may lead to disgust, and disgust to contempt, and thus gradually undermine all the protection intended by this clause of our national bill of rights.” Citado en Shalhope, Robert E. “The Ideologial Origins of the Second Amendment.”, http://www.cwsl.edu/content/belknap/The%20Ideological%20Origins%20of%20the%20Second%20Amendment.pdf

[6] “The Constitution as originally adopted granted to the Congress power- ‘To provide for calling forth the Militia to execute the Laws of the Union, suppress Insurrections and repel Invasions; To provide for organizing, arming, and disciplining, the Militia, and for governing such Part of them as may be employed in the Service of the United States, reserving to the States respectively, the Appointment of the Officers, and the Authority of training the Militia according to the discipline prescribed by Congress.’ U.S.C.A.Const. art. 1, 8. With obvious purpose to assure the continuation and render possible the effectiveness of such forces the declaration and guarantee of the Second Amendment were made. It must be interpreted and applied with that end in view.”

[8] “The Second Amendment protects an individual’s right to possess a firearm unconnected with service in a militia, and to use that arm for traditionally lawful purposes, such as self-defense within the home.”

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